Figueras Bofill Psicòlogues

El triángulo dramático: el juego de la manipulación

In Conflictos de pareja on 25 junio, 2012 at 14:00

El triángulo dramático es un juego psicológico donde se disputan tres roles, víctima, perseguidor y salvador, con el objetivo de manipular al otro. Eso no significa que en todas las interacciones exista manipulación, para nada. Hablamos de manipulación cuando el interés real –ser el centro de atención, tener el control, demostrar superioridad, culminar una venganza– se oculta bajo justificaciones más nobles –cuidar del otro, aconsejar, advertir un futuro daño, sentirse necesitado…

La víctima, pide ayuda en un tema pero en realidad busca que otro asuma la responsabilidad por ella; se coloca en una posición de dependencia pero en el fondo, lo que quiere, es actuar en un espacio que le ha sido negado; desacredita al perseguidor victimizándose en público para que los demás se alíen con ella (la víctima) y rechacen al otro.

El perseguidor, maneja la crítica para optimizar (un puesto de trabajo, una relación de pareja) pero lo único que le motiva es sentirse superior a los demás; amenaza con marcharse pero desea que se lo impidan para demostrar lo imprescindible que es; genera conflictos innecesarios para tener el control de la situación y poder descargar su propia ira.

El salvador, se preocupa de los demás pero siempre espera algo a cambio -que se comporten según sus reglas, que le muestren su agradecimiento, que le devuelvan los favores- y cuando no lo consigue, fácilmente se transforma en víctima o en perseguidor; ofrece su ayuda, asume tareas que no le corresponden, justifica el comportamiento de las víctimas, pretende salvar al mundo, pero siempre con condiciones, las suyas.

El que juega, repite una y otra vez los mismos patrones (pasando de víctima a perseguidor, a salvador, y de nuevo a víctima). Camufla sus intenciones ocultas: el egoísmo, la ira o la redención, en manifestaciones de victimismo, persecución o salvación, con el único objetivo de conseguir sus propósitos. El otro es un mero instrumento al servicio de sus intereses. El que juega, no acepta sus propios errores, no admite sus responsabilidades, no negocia para que ambos ganen, sólo juega a triangular para manipular al otro. Y el otro, muchas veces, también se apunta al juego.

Para reconocer que se ha caído en la trampa, sólo hay que analizar el resultado de una discusión, o un desacuerdo, ya sea en el trabajo, con los amigos o en la pareja. Cuando ninguno de los dos se siente mejor, cuando no se han alcanzado acuerdos beneficiosos para ambos, cuando se siente agotamiento, frustración o que se ha avanzado en círculo después de una pelea, es que uno o ambos, han caído en el juego del triángulo dramático.   

M. F.

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